Escudo de la Coral Coral Municipal "Villa de Alagón" Escudo de Alagon
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Antonio González Sánchez
Director de la Coral Mun. Villa de Alagón

la jotaLA JOTA

El canto de la Jota Aragonesa

Aunque existe en nuestra Comunidad Autónoma gran cantidad de cantos religiosos (albadas, auroras, villancicos, mayos... etc) el canto de la jota puede considerarse como la expresión más genuina del patrimonio folklórico-musical aragonés, ya que no existe otro canto que tenga el arraigo de éste y polarice el sentir de una región o comunidad.

Un artículo aparecido en la Hoja del lunes (1942), escrito por el entonces director del citado periódico, Emilio Alfaro, nos dice:

Un cronista nos revela que desde muy antiguo los jóvenes labradores de las dos parroquias más numerosas de esta ciudad, conocidas por la alta y la baja o con el mote de la del Gancho y la del Gallo, tenían la costumbre de salir a media noche con sencillos instrumentos tañidos por los mismos, con el objeto de cantar al compás de ellos a la puerta de sus novias, dándoles de este modo prueba de su constante pasión.

Estos eran los únicos intérpretes de la jota, que hasta entonces parece no tuvo otro empleo que este amatorio de la ronda.

Es factible, y no mucho aventurar, pensar que no fue éste el único empleo que a la jota cantada se le dio en esta época, sino que también debió de ser vehículo para retratar y reflejar las costumbres y manifestaciones más populares del pueblo aragonés.

Por carecer de otro acompañamiento que no fuese la guitarra, cabe aceptar que la forma, matices, contornos melódicos, ritmo y sentido peculiar que emplea el cantador al interpretar esta jota impaciente, que con el tiempo sufrirá importantes modificaciones, difiere, en parte de la actual jota de ronda, especialmente en su proceso rítmico, que tiene un aire andante, alegre y festivo, al igual que los estribillos que solían interpretarse como gracioso aditamento a la copla de ronda. Esta característica faceta aragonesa, en la actualidad tristemente olvidada, es conocida por la mayoría de los aficionados a la jota .

Susceptible de evolución y cambio en el tiempo. Esta jota de ronda dio lugar a la conformación de lo que hoy conocemos como jota de estilo o parada. Transformación en la que también pudo incidir, tanto el lucimiento del intérprete deseoso de hacer alardes con su voz, como el sentido de querer darle al canto una mayor preponderancia.

Al principio de iniciarse esta modalidad de jota parada, el cantador haría libremente la entrada a la guitarra como si fuese a interpretar la jota de ronda o la de baile, para, seguidamente, retardar totalmente el ritmo en el 2ª verso, al objeto de darle el tiempo moderado que requiere esta modalidad de canto. Más tarde, algún maestro o técnico en la música impondría, en el momento de acoplarse al canto al canto a la rondalla, la variación que hoy antecede a todas las coplas de estilo; ésta es siempre la misma y termina en la 3ª parte del compás con semicadencia en la dominante y siguiendo después la armonía rítmica de este acorde hasta que empieza la copla. Esta innovación no sólo vendrá a facilitar la entrada del cantador, sino que también sentará el precedente de una nueva forma de cantar que, paulatinamente, llegará a tomar auténtica carta de naturaleza.

Esta transmutación podemos apreciarla con mayor claridad si comparamos el estilo original denominado las judías con la versión que habitualmente escuchamos cuando es interpretado por los cantadores de hoy día.

Según Santiago Lapuente, este estilo lo escuchó por primera vez a la hija de un albañil zaragozano llamado Manuel Sanz.

Estilo cantado por Isabel Muñoz, lo oyó en Teruel, su pueblo. Este estilo puede considerarse como uno de los más puros y antiguos del canto aragonés.

Por el año 1858 vino a servir como soldado y músico en la Banda del regimiento del Infante, Vicente Soler, valenciano. Tenía bonita voz de tenor. Aquí cumplió sus años de servicio militar, aquí se casó y en Zaragoza murió.

Se prendó de nuestros estilos de jota, y como no desconocía, ni mucho menos, las características de la jota, hizo con lo suyo y lo nuestro un amasijo o mezcla, de lo que resultó lo que pudiéramos llamar escuela Soler-Royo-Malandía, ya que el primero enseñó o depositó en éstos el fruto de sus sentimientos artísticos populares. Es decir, esa clase de estilos de subidas, cadencias y calderones que hoy se conocen, entre otros, con el nombre de Utebo y Baldomero, estilos en los que por su estructura, variedad de frases y lentitud en su ejecución, pueden apreciarse la diferencia existente con los señalados anteriormente.

Las coplas de jota se presentan bajo los aspectos siguientes:

1.- Estilo

  2.- Ronda

3.- Baile

      4.- Picadillo

5.- Dúo

6.- Coro

Su forma o combinación métrica es de 4 versos octosílabos asonantes, mas como quiera que las frases melódico-musicales son 7, empezaremos siempre por el 2º verso; a continuación diremos el 1º, 2º, 3º y 4º, volviendo a repetir el 4º y terminaremos con el 1º.

Esta forma típica que el pueblo emplea para poder adaptar cuatro versos a siete frases musicales, podemos clasificarlas como entrada, copla vuelta.

Las auténticas tonalidades de las coplas son: La M , Re M cuando se cantan por voces de soprano o tenor y cuando son cantadas por voces de contralto o barítono, estas tonalidades se transportan a Sol M y Do M. El que una copla se cante en La o en Re depende de su tesitura, que habrá de encuadrarse siempre dentro de la extensión corriente del pentagrama. En las coplas de baile, donde generalmente no existen exigencias de voz, se emplea con más frecuencia el tono de La, que es el más apropiado para la jota de baile.

En la interpretación de la jota aragonesa hay algo esencial que ante todo debe tenerse muy en cuenta: voz, ritmo, vocalización y estilo . Es más, el estilo lo es todo en la jota. Buen ejemplo de ello lo tenemos en los intérpretes que, a pesar de haber perdido gran parte de la voz en el transcurso de los años, no solamente siguieron cantando primorosamente, sino que lograron conmovernos por su forma de expresar la jota. Y esto es estilo.

Varios han sido los estudiosos de la jota aragonesa que nos han ofrecido en sus respectivos trabajos folklóricos sendas clasificaciones de estilos; a este respecto, y una vez analizadas éstas, observamos que en la mayoría de ellas se ha empleado una técnica basada en dos puntos de apreciación muy diversa:

a).- Sirviéndose del contenido literario de la cuarteta y de la información recogida a través de manifestación personal.

b).- Empleando, en parte, la técnica anterior unida a alguna de las características que encierra su contenido musical.

Tanto una como otra pueden llegar a una perfecta catalogación, si se tiene en cuenta que muchas y abundantísimas son las coplas y tonadas que, con una estructura musical muy similar, componen hoy día nuestro acervo folklórico y, asimismo, dado el desarrollo y evolución alcanzados por nuestra jota en lo que va de siglo, sería necesario, para conseguir el logro del nivel deseado y evitar confucionismos, una técnica que encerrase un mayor rigor que el habitualmente empleado hasta ahora; debería emplearse, tal es nuestra creencia, una labor de cuidadosa observación y contraste musical.. Comprendemos, no obstante, que aún siendo ésta la única línea viable de realizar una clasificación que está dentro de una lógica, los resultados serían, dentro de una gran complejidad, factibles de entendimiento exclusivamente para los versados en música y, a la vez, poco podría ser lo que aportase para un mayor conocimiento de la jota aragonesa.

La jota es, y debe ser, dentro de un carácter eminentemente popular, sencilla, natural, espontánea .

Las jotas han gozado la suerte de la continuidad; una continuidad inmerecida a veces por chabacanería y mal gusto, pero muy digna en otros casos por su profundidad antropológica, su poesía y su grandeza.

LOS MAYOS .- En muchos lugares de la geografía aragonesa, y principalmente en el Bajo Aragón, se mantiene viva la tradición que, con el comienzo del mes de Mayo y al llegar la noche, mozos y mozas casaderos tuvieran oportunidad de formalizar sus relaciones.

LA ALBADA .- La albada es un ejemplo más del canto festivo que, al amanecer, los mozos del lugar cantan a las mozas acompañados de una charanga en la que no faltan la dulzaina y el tambor. Aunque es más frecuente encontrarlas en el Bajo Aragón turolense, las albadas y mayos se distribuyen y se siguen cantando en la mayoría de las comarcas aragonesas.

EL DANCE .- Es una manifestación genuinamente aragonesa. Recuerda los pormenores bélicos de la conquista y reconquista de cada localidad en la que se baila.

Una forma de entender el mensaje es expresándolo con el dance. Los palos y las espadas son el modo de lucha guerrera, en la que el ritmo tiene un decir especial según la circunstancia. Es el momento de remedar la batalla y siempre hay un ángel y un demonio, que tienen un papel tradicional, aunque la música es bastante repetitiva. Pero es el propio ritmo del dance y su ruido particular lo que enfervoriza.

En orden de antigüedad, justo es reconocer que el dance antecede en varios siglos a la jota, sin que ambas manifestaciones folklóricas guarden relación entre sí, salvo lo que tienen de espectáculo y de transmitir el sentimiento del pueblo.

LA CONTRADANZA DE CETINA .- Es uno de los legados más oscuros, por su origen, del folklore aragonés. Está considerado único en su género. La representación con máscaras y hachones, la riqueza de su ejecución y su incierto origen le dan un carácter espectacular y tremendamente teatral.

Todas y cada una de estas manifestaciones están recogidas en ese sistema tradicional oral, transmitido de padres a hijos, y que en muchos casos, demasiados, hace años que no se han cantado en público. Las condiciones de vida de los pueblos, la emigración sobre todo, ha hecho que muchas fiestas populares no sólo hayan desaparecido, sino que en muchos casos se han trasladado al verano, para que sea más fácil su celebración y para que los que están fuera puedan hacerse presentes. Con estos cambios lo único que sucede es que quedan anacrónicos algunos de los eventos que se celebraban y en cuyo marco quedaba inmerso ese momento de la canción popular, de la ronda, de la albada.

¿Qué decir de los dances y manifestaciones bailadas?. Hay localidades aragonesas que no pueden, materialmente, llevar adelante su dance por la sencilla razón de que no hay suficientes ejecutantes en el pueblo. Cuando sí los hay, es difícil que alguien sea capaz de interpretar con los instrumentos tradicionales las melodías que lo acompañan. En Aragón hay muchos lugares en los que se toca la gaita, por poner un ejemplo, y no hay gaiteros.

Hay personas que se están especializando en recuperar aquella forma de interpretar y que llegan a las raíces de ese folklore casi perdido, oyendo tararear a los mayores melodías no siempre bien entonadas que hay que memorizar, llevar al instrumento, pasar al papel pautado o la cifra, y así llegar a tener lo que en principio parecía perdido. Un esfuerzo notable, no siempre bien entendido y, desde luego, nunca lo suficientemente retribuido como para hacerlo interesante y no como un estudio de fin de semana.

Con estas limitaciones, recuperar y mantener nuestras raíces folklóricas es harto difícil, pero no imposible.

Buena voluntad hay. Ganas de hacerlo también.

AGS

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