Escudo de la Coral Coral Municipal "Villa de Alagón" Escudo de Alagon
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Antonio González Sánchez
Director de la Coral Mun. Villa de Alagón

 

LA SALVE DE MIGUEL ARNAUDAS

 

 Salve Regina, seguramente unos de los textos más antiguos, populares y conocidos cantos de la liturgia con que se glorifica a la Virgen. Aunque su origen es objeto de controversia, parece situarse en torno al siglo XI, en tiempos de la Primera Cruzada. En cualquier caso, ya desde la Edad Media (gregoriano), ha sido tomado por numerosos músicos como fuente de inspiración para sus composiciones a través de las distintas etapas históricas, habiendo llegado hasta nosotros en forma polifónica, como melodía acompañada y hasta en género sinfónico-coral.

La Coral Municipal Villa de Alagón la estrenó como consecuencia de las Fiestas Patronales de la Virgen del Castillo el día 7 de Septiembre de 1.999 y en la Basílica de Ntra. Sra. del Pilar el día 11 de Octubre de 1.999, en el último día de su Novena. Esta “Salve”, para coro y órgano, fue compuesta por el autor alagonés, sí de Alagón (Zaragoza) y nacido en 1.869, Miguel Arnaudas Larrodé.

Arnaudas, conocido, sobre todo, por su autoría del primer cancionero musical aragonés, Cantos populares de la provincia de Teruel” (Zaragoza, 1.929), pertenecía a esa élite de músicos zaragozanos y aragoneses surgidos de las Escolanías de Infantes de la Seo y del Pilar, en aquellos tiempos separadas. En el caso de nuestro músico lo fue del Pilar, donde aprendió música con el maestro Lozano. Fue maestro de Capilla de Salamanca y ordenado sacerdote en 1.896 accede, por oposición, a Maestro de capilla de La Seo zaragozana, sucediendo a Olleta. También sería profesor y director de la Escuela de Música de Zaragoza, de la Escuela Normal de Maestros y numerario de la Real Academia de Bellas Artes de San Luis.

Hasta principios del pasado siglo XX, era costumbre de los maestros de capilla (también algunos organistas de las catedrales) la composición de cierto número de obras vocales, corales y hasta con orquesta, que solían interpretar, en muchos casos, con sus propias capillas, gracias a lo cual los archivos catedralicios han conservado casi todo este hábeas musical que así ha llegado hasta nosotros.

La Salve de Arnaudas es una obra práctica y decimos así, porque ya desde la primera lectura de la partitura observamos que su organología responde a unos elementos de estas características, es decir, está compuesta para un mínimo de intérpretes que tenían todas las capillas de la época: dos voces blancas (sopranos y contraltos) que interpretaban los niños de coro y una voz de bajo para los cantantes de las capillas de música. La obra carece de solos que, normalmente, necesitaría de una voz de destacada presencia, como sucede en otras conocidas Salves de la época. Tampoco la parte de bajo responde exactamente, en cuanto a notas graves se refiere, a la extensión de dicha voz, ya que, en propiedad, sería para barítono, circunstancia que permitía participar tanto a los tenores como a ,os bajos, haciéndola así más asequible a los grupos no muy numerosos.

Este conjunto coral lleva acompañamiento de órgano lo que, en este caso, permite que todas las voces tengan u tratamiento melódico, incluida la voz de bajo, a diferencia del coro a cuatro voces en el que, normalmente, tiene un fin armónico. Musicalmente, es una obra que responde perfectamente al tiempo en que fue escrita, en pleno Romanticismo, y con una clara tendencia al género operístico italiano, en boga en España en los años del cambio del siglo XIX al XX lo que es notorio en muchos compositores litúrgicos de aquellos años-, alrededor de los cuales se entiende que debió de ser compuesta por Arnaudas.

Formalmente, tiene una clara estructura de la denominada aria da capo (A-B-A) que denota, también, una significativa influencia de la ópera, Como corresponde a esta forma de aria, está dividida en tres secciones, diferenciadas nítidamente entre si, en este caso, por el tratamiento melódico y modal. Escrita en compás ternario y tonalidad de La menor, comienza con una breve introducción del órgano, de siete compases, en la que utiliza los elementos melódicos-rítmicos que van a aparecer en el acompañamiento de toda la canción. La entrada homofónica de las voces, en el compás octavo, es una fuerte aclamación de la primera palabra del texto, por partida doble, Salve, Salve que da paso, también de manera homofónica, al resto del primer versículo, durante siete compases. Continua un solo de sopranos, seguido de otro de bajos, imitativo, siempre acompañados de órgano y repitiendo el mismo texto (Vita dulcedo et spes nostra). Termina este fragmento de la primera sección con dos nuevas aclamaciones, en fuerte, Salve, Salve, iguales que las iniciales.

Continúa el órgano sólo, durante seis compases, con una melodía de sonidos graves y modulante, para volver a la tónica, dando paso a un nuevo tema que exponen sopranos, de ocho compases de duración y que, durante dieciséis, se desarrolla en un dúo imitativo con bajos. Un nuevo sólo de órgano de cuatro compases nos lleva a la sección central (B) de la Salve.

Esta sección, en modo mayor, es iniciada con el Eia ergo, advocata nostra.., con un tema legato y majestuoso de ocho compases, que es expuesto en piano por los bajos, al que contesta, de forma fugada, la voz de sopranos. Un desarrollo de ventiocho compases da lugar al fragmento más expresivo de la canción en el que, como en la mejor ópera de la época, se suceden los poco piu, acell.a tempoy poco menos, es decir, un rubato, digno de cualquier ópera de Verdi. Termina la sección central con dos llamadas de suplica, Ostende, ostende, realizadas por todo el coro.

Comienza la tercera sección, con la misma introducción de órgano del principio, que da paso a la parte admirativa del texto: O clemens, O pia, O dulcis Virgo María que, en total homofonía de las voces y desarrollada en ventiún compases, termina con un decidido y fuerte acorde en tónica con la palabra María.

Esta obra no se encuentra en los archivos catedralicios zaragozanos. Tuvo el honor de estrenarla Antonio González Sánchez dirigiendo a la Coral Municipal Villa de Alagón, quien, a su vez, la había recibido del Excmo. Ayuntamiento, donde se localizan los originales de lasparticellas de Arnaudas.

Obra muy agradable de escuchar, con ciertos recuerdos a otras del momento, es, igualmente, cómoda de cantar y su interpretación garantiza un resultado efectista, propio de las canciones de la época. El día de su estreno, los fieles que asistieron al último día de la Novena en la Ermita de la Virgen del Castillo, una vez terminada su interpretación, rompió en un clamoroso aplauso, agradeciendo a la Coral Municipal Villa de Alagón el detalle de su primicia.

Como Director de la Coral os digo que me emocioné con su melodía y vi aflorar lágrimas sentidas a muchos de mis coralistas. Ha sido la Salve de Arnaudas uno de los grandes logros de la Coral, dándola a conocer en la primera ocasión que se nos presenta.

AGS

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