Escudo de la Coral Coral Municipal "Villa de Alagón" Escudo de Alagon
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Antonio González Sanchez
Director de la Coral Mun. Villa de Alagón

baturro

¿QUÉ ES SER BATURRO?

 

Durante muchos años se habló y polemizó sobre la legitimidad de lo baturro dentro de lo aragonés, dejándolo sin resolver debidamente y a merced de erróneas, injustas y hasta crueles interpretaciones por parte de propios y extraños.

Lo primero que nos hace falta saber es si el vocablo baturro y el concepto de baturrismo han llegado a definirse acertada y suficientemente.

Nada nos resuelve el Diccionario de la Lengua Castellana de la Real Academia Española al decirnos: Baturro es adjetivo diminutivo de bato, pues bato significa hombre tonto o rústico, poco inteligente o de pocos alcances, baturro aplícase vulgarmente a la gente del pueblo en Aragón; natural de Aragón o perteneciente a esta región española.

Y menos mal que se nos dice que baturro es diminutivo, o sea, que son los baturros algo menos tontos, pequeños tontos, no tan ignorantes como los batos, por lo que éstos, sin duda alguna, todavía nos tienen que envidiar.

¿Se puede saber cuándo, por quién y con qué fundamento se aplicó, exclusivamente, al pueblo de Aragón la palabra baturro?. ¿Por qué el diminutivo de bato sólo se refiere a los aragoneses?. ¿Es que en España no hay más rústicos y tontos que nuestros baturricos?.

El ilustre Narciso Salillas nos dijo: Buceando un poco en la filosofía del lenguaje, se encuentra alguna diferencia entre aragoneses y baturros. También diré que lo aragonés más bien parece lo propio de Aragón en sus varias modalidades de propiedad, como el haber nacido en esa región, las costumbres de la misma, su clima, el carácter de sus habitantes, et... y lo baturro es algo más, es el tipo sintético del aragonés, es el espíritu de la raza, es la concreción de los nobles sentimientos del pueblo, es, en suma, la idea del alma de Aragón.

Y hablando de las coplas en nuestra tierra, añadió: El cantar aragonés es aquel que encierra un pensamiento, que expresa algo de lo característico de Aragón. Y el cantar baturro lo considero compuesto derramando a puñados en él la gracia de Aragón, y empleando no ya modismos del habla regional sino esa lógica privativa de los aragoneses: entre picaresca y burlona, entre rencorosa y de intuitiva defensa del amor propio, lastimado o herido, pero lógica, noble y franca, sin llegar nunca a ofender.

Eduardo Ibarra Rodríguez, nuestro doctísimo paisano, corroboró que la síntesis del carácter aragonés es el baturro de nuestras campiñas y, tras de condenar a quienes pintan un baturro brutal, poco avispado, añadió: “Ilustres baturros fueron Pignatelli y Palafox en tiempos pasados y, en los presentes, por ahí andan, y con ellos me codeo a diario, gentes vestidas de levita que nada tiene que envidiar a nuestros campesinos en tenacidad, franqueza, perseverancia y buen sentido.

Aproximadamente igual se ha dicho de Costa, paraíso, Santiago Ramón y Cajal, Antonio Royo Villanova, Miguel Fleta y otras muchas ilustres figuras representativas de Aragón a las que frecuentemente se dedicaban en la calle y en la Prensa frases como éstas: es todo un baturro es un baturro de los pies a la cabeza, no hay baturro como él, etc. Como baturros y muy baturros han sido considerados el Tío Jorge, la Condesa de Bureta, Manuela Sancho, el padre Boggiero y tantos y tantos personajes y gentes del pueblo que en íntima comunión de ideales y coincidencias de carácter o temperamento se entremezclaron durante los años de la sublime epopeya.

Y todavía coincidimos con el criterio de Salvador Amada, quien reconoce en la magna figura del illuecano Benedicto XIII un ejemplo típico del aragonés, verdadero prototipo del baturro, ejemplar modelo de tesonería y entereza, no de tozudez, sí de convicción, que le llevó a estar siempre en sus trece.

García Arista fue un defensor del tipo baturro, puro y sin trampa, y fustigó implacablemente a los viles falsificadores, a los mixtificadores, a los plagistas, copleros, cantadores y comentadores de lo baturro que sin escrúpulo alguno lo adulteran y, sin consideración, lo presentan soez, inmundo, estrambótico e inadmisible en sus modales, en sus voces, en su lenguaje y en sus aspavientos. En cuanto al reconocimiento de lo baturro, García Arista no sólo lo admite sino que titulaCantas baturras a su más completa colección. También nos habló del piropo baturro como elemento en la copla, afirmando que el lenguaje baturro no es tierno ni poético, que no suele echar flores y que su requiebro es casi siempre irónico o antitético, o basado en símiles campestres, como éste:

Eres perica en arropo,

duraznilla de Campiel,

manzanica sanjuanera,

rosalico sin goler.

 

La gracia joco-seria es la característica del ingenio aragonés, trasladado con sus juegos de ideas y conceptillos a las cantas baturras.

Luis Royo Villanova dice: El baturro no sabe requebrar; lo que siente se lo calla; sólo por un supremo esfuerzo logra dar salida a su querer, y como sale de pronto y después de estar muy contento, sale generalmente mal; no es el poético caño de una fuente, es el tremendo chorro de una manga de riego.

Miguel Sancho Idquierdo discrepa abiertamente de Royo y de García Arista, y dice: Cierto que no el aragonés dicharachero y expansivo como lo son en otras regiones, pero de eso a no saber requebrar, a que sus declaraciones sean siempre el chorro de una manga de riego, o que el baturro no sepa hacer el amor sino a picotazos, en frase del segundo, hay un abismo. Y, además, añade: A través de los cantares de Jota que el pueblo creó o aceptó, pergeñando su carácter, se ve su sencillez y llaneza, el sentimiento religioso siempre por delante de los demás-, el de independencia, firmeza en el querer y muy evidente el humorismo o ironía baturra.

José García Mercadal expresó: A mí las coplas que me parecen más nuestras son las determinadas por una tendencia cómica, siempre que sean de una comicidad sin chocarrerías. En este orden, la gracia baturra la tengo por soberana.

Por otro lado, la mayor parte de los libretistas que han llevado a la escena al baturro que ellos concibieron, no han hecho otra cosa que ridiculizar a Aragón: gestos, ademanes, voces destempladas, exagerado dejo o cadencia en el hablar, bruscas interjecciones, frases groseras y léxico colmado de caprichosos vocablos y modismos. Esto es todo lo que en los más diversos escenarios hemos visto y oído cuando autores desaprensivos de fuera...¡ y de dentro de Aragón!, por ganarse la galería, no dudaron en ensañarse con los baturros ofreciéndonos un grotesco, zafio e intolerable baturrismo.

Y, en fin, la copla aragonesa, cuando se produjo espontáneamente en el ambiente rural o se le quiso dar carácter baturro en las colecciones de muchos autores destacados y copleros populares, se convirtió, frecuentemente, en una lamentable serie de dislocados y arbitrarios cambios fonéticos en su léxico y de inadmisibles conceptos en su fondo y contenido. Y no olvidemos los detestables chistes, chascarrillos, romances, cantares y pasatiempos baturros que fueron llevados a las hojas de los calendarios, a las envolturas de los caramelos, a las páginas de los libros populacheros y hasta a las colecciones de nuestros escritores y poetas.

Gran culpa tenemos los aragoneses al haber tolerado cuanto ha contribuido a poner en evidencia a Aragón con la publicación de esa gama vergonzosa de coplas y concepciones que se han dado a conocer presentándolas sin escrúpulo alguno como cosa típica, con marchamo baturro para luego, al leerlas, tenernos que indignar ante tamañas adulteraciones.

Como se ve, con este mare mágnum de acepciones académicas, opiniones de los ilustres hombres de letras y divulgación de lo baturro en escenarios teatrales, colecciones de coplas y otras publicaciones, se ha creado un evidente confucionismo que nos obliga a preguntar: ¿quién define mejor al baturro?, ¿el Diccionario?, ¿los críticos?, ¿los filósofos?, ¿los libretistas?, ¿los poetas?, ¿las coplas del pueblo?... Ignoro cuál será la respuesta de quien esto me lee, pero la mía es ésta: el baturro sólo puede admitirse se le considera como un aragonés de rasgos recios, tenaz por carácter y terco por hábito, laborioso, sobrio, modesto por condición pero altivo ante la altivez, noble, algo brusco, sentencioso, ingenioso, con gracejo natural, espontáneo, franco, amigo de decir las cosas claras, perseverante, humorista sano y muy dado a prodigar su grata socarronería.

Y, sobre todo, se puede ser baturro siendo no sólo hombre de campo, sino también siendo un obrero de la ciudad, un funcionario, un ejerciente de las más diversas profesiones, un intelectual, un erudito, un estadista, un político, un gobernante o sabio.

Ya tenemos una amplia definición del único tipo de baturro que en Aragón podemos admitir y defender, rechazando en absoluto las acepciones enciclopédicas. ¿Solución?... Una sola: solicitar de la Real Academia de la Lengua que se estudie este asunto y se resuelva, ya que no sería la primera vez que una comarca española lograba la desaparición de un vocablo del Diccionario por considerarlo erróneo y provocar protestas e indignación. En último caso nos bastaría una modificación a base de, por lo menos, suprimir la relación entre las palabras baturro y bato, y ampliar suficientemente el concepto de la primera tomando en consideración cuanto queda dicho u otras argumentaciones u opiniones que en similar sentido puedan emitir los más autorizados.

 

Heraldo de Aragón

Domingo, 14 de Septiembre de 2.003

Nuestro archivo 12-X-1.961

Recopilación: Juan Domínguez Lasierra

Autor del artículo: Demetrio Galán Verruga

 

Demetrio Galán Bergua, nacido en Zaragoza en 1.984, y fallecido en su ciudad natal en 1.970, fue un médico prestigioso, aunque aquí se le trate como estudioso infatigable y entusiasta del folklore aragonés, y muy particularmente del mundo de la jota. Escribió un monumental tratado sobre la misma, El libro de la jota aragonesa (1.966), que es un clásico del tema. Hizo también numerosas incursiones en el mundo literario y fue autor de obras teatrales y de libretos de zarzuelas. Cronista médico, fue colaborador asiduo de heraldo de Aragón, donde adelantó gran parte del material que luego constituiría su tratado sobre la jota y los joteros. Él mismo fue autor de numerosas coplas de jota. Su muerte constituyó una multitudinaria manifestación de duelo, con la que se reconoció su constante y extraordinaria labor como defensor y difusor de la música popular aragonesa.

 

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