Escudo de la Coral Coral Municipal "Villa de Alagón" Escudo de Alagon
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Antonio González Sánchez
Director de la Coral

LA HABANERA

 

        Oír o cantar la letra de una habanera para las gentes que vivimos en el espacio que va desde la punta de Cádiz a Gerona, supone la sensación onírica o surrealista, mil veces experimentada, de que aquello lo hemos visto o lo hemos vivido en algún instante; no sabemos cuándo, pero lo hemos experimentado, con seguridad.

       Existe, de una forma inconsciente, etérea si queremos, un subconsciente colectivo por el que una música y una letra, una habanera, nos trasportan a noches cálidas, de luna; nos traen sabor a mar y suaves brisas.

      La música tradicional conocida entre nosotros como habanera, debería ser un camino de ida y vuelta, entre Cuba y España; por lo menos así fue en su origen. Hoy, según hemos podido comprobar, la habanera vino y se quedó; ese es un fenómeno musical, yo creo nacido en Cuba, traído acá para servir de puente entre nuestros pueblos y que ya no volvió allá, por lo menos con tanta fuerza. Se quedó, y se quedó como un deseo truncado, un amor no correspondido y como tal añorado, insuflado de vida por aquellas gentes que vivieron y soñaron con la isla que fue su esperanza.

      La música popular cubana surgió del espléndido mestizaje entre los aires llegados y los de los sones afrocubanos mantenidos por los esclavos en las plantaciones; más tarde, durante el s. XVIII, arribó a la isla una fuerte influencia francesa desde Haití. De la mezcla de todo nació una música que empezó en los salones y terminó popularizándose, la danza y contradanza cubana.

      La Contradanza cubana se exportó al extranjero. Hacia la mitad del s. XIX se paseó por Europa y América con su gracioso y picante contoneo, igual que las mulatas por la calle Padre Picó de Santiago; empezó a ser conocida como Danza habanera. En España solían presentarse como Danzas Americanas o simplemente Americanas, pero terminaron denominándose Habaneras. La aceptación del término se hace evidente cuando Bizet lo toma para un pasaje de Carmen, en el tema de una canción de Sebastián Iradier. Este ritmo alcanzó tanta fama y gustó tanto que se extendió por América Latina, siendo adoptado en Buenos Aires, por lo que también se llamó Tango – Habanera.

      Es ahora cuando nace la clasicidad de esta melodía, cuando Eduardo Sánchez Fuentes (1874-1944) compone la habanera Tú , pieza antológica que se convierte en la más famosa de todas las habaneras, haciendo borrar del recuerdo otras habaneras anteriores. Tú , es la habanera por antonomasia, constituye una novedad por su mayor libertad en cuanto a la utilización de la danza (introducción de seis compases) y por una cuestión de tempo, en una melodía larga y voluptuosa que podía cantarse como una romanza, como afirma Carpentier, en contraste con la contradanza incantable por su vivacidad. Muchos autores afirman que el antecedente inmediato de la habanera Tú, es la famosa melodía del violinista mulato José White, La Bella Cubana , aire tradicional de la Isla , compuesta sobre un ritmo de antiguas guarachas y merengue antillano procedente de sones cubanos sobre todo en los bajos.

      Como nadie es profeta en su tierra, la habanera nunca fue un tipo peculiar de música en La Habana. Aún hoy muchos músicos cubanos se extrañan de que se les pida que canten una habanera. Al cubano háblale de son, de guaracha, de merengue, etc, no de habanera; para él, éste es un ritmo conocido, pero no tan lleno de significado humano y sentimental como para un español.

      La Habanera vino en barco, llegó a puerto y se quedó, ya no volvió y, como no lo hizo, se fue llenando de anhelos, de deseos, de añoranzas y, si ya era bella, al tener todo lo anterior se fue idealizando, se fue adornando y se fue quedando como el verso de lo perdido que no volverá. La Habanera es el canto a la pérdida, al sueño que durante generaciones los españoles cifraron en la Perla de las Antillas y que, de golpe, se truncó. Se diría que el 98 tuvo sus poetas, sus filósofos, sus políticos, toda una generación que vivió como un trauma la pérdida de la corona. El pueblo descarnó todo eso de interés político, económico o filosófico y lo encarnó en la forma más pura que sabe hacerlo: en la música y el sentimiento

AGS

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