Escudo de la Coral Coral Municipal "Villa de Alagón" Escudo de Alagon
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Antonio González Sánchez
Director de la Coral Mun. Villa de Alagón

 

CONSEJOS PARA CORALISTAS

La Música , siempre la música.

La música es, ante todo, un arte de expresión seria y sublime. Sus primeros cantos se encaminaron hacia el Cielo. En toda época fue como una de las alas de la fe... La música, más que cualquier arte, incluso que la poesía, da cuerpo a las aspiraciones hacia lo Infinito. Su lenguaje persuasivo basta para convencernos por la sola fuerza de la emoción y nos permite reconocerla como la voz misma de lo indecible.

 

La escucha... ¿ es un arte perdido?.

Escuchar se trata en última instancia, de entregarnos nosotros mismos y brindar nuestro tiempo a un generoso servicio a los demás..

Durante el canto el tiempo parece detenerse, la bulliciosa mente permanece silenciosa y atenta, olvidando las preocupaciones y problemas mundanos. Es como la brisa que en verano acaricia nuestros rostros. Cada frase del canto vuelve en alas del aliento al silencio del que surgió. Como el fuego cada verso tiene su propio brillo y energía, una fuerza que aparece y desaparece. Como el agua, la música asciende y desciende igual que una suave ola de amor que baña, limpia y acaricia nuestro espíritu, sacándonos a flote y renovándonos. Como el olor de la tierra removida antes de la siembra, el canto es fresco y dulce, un suave bálsamo para nuestras almas.

 

Formación de un coro.

Los coros vocacionales son la agrupación de un número determinado de personas reunidas para cantar en común, asociadas libremente, con la finalidad de interpretar polifonía sin excluir la monodia (a una sola voz).

A menudo se cree que un coro bueno se consigue con un número de voces muy buenas; sin embargo, esto no es siempre verdad. Si bien es cierto que cuando se tienen voces seleccionadas el coro puede ser mejor. A menudo, cantores muy buenos como solistas no se acoplan a un coro y, desde luego, les cuesta mucho empastar su timbre con el de los otros cantores. Voces escogidas, incluso con excelente escuela, pueden formar un coro malo.

La plenitud sonora se produce por el equilibrio sonoro de cada una de las partes y de todo el conjunto. Este equilibrio es más fácil conseguirlo en un conjunto numeroso que en uno reducido.

 

¿Seré capaz de integrarme en una Coral?

Tomar un día la decisión de formar parte de un coro, de un conjunto vocal, no debe considerarse nunca como un acto anodino o desprovisto de significado. Uno pasa a integrarse en un coro por acompañar a un amigo, o a su cónyuge o por decisión propia, porque decimos que cantar nos gusta. Pero... ¿por qué nos gusta tanto?...?.

La vida nos zarandea, nos causa estrés; las tensiones emocionales, las preocupaciones nos impiden muchas veces estar en contacto con nuestro mundo interior, con nuestros sentimientos más profundos, nuestras percepciones sensoriales.

Además, el contexto exterior de las acciones cotidianas no nos permite tomarnos el tiempo necesario para detenernos en nuestro movimiento si una parte de nuestro cuerpo no funciona correctamente.

Tenemos necesidad de armonía, de calma, de unidad en nosotros mismos y alrededor de nosotros, es por esto que cuando oímos a un coro o a un solista cantar, la música hecha para la voz sola o en grupo nos produce un intenso sentimiento de plenitud. Poco a poco la idea de que nos hace falta cantar se insinúa en todo nuestro ser y nos ponemos a amar y desear lo que instintivamente creemos que nos puede restablecer. Esas voces que nos encantan nos parece que crean la unidad en la música y, sobre todo, en ellas mismas. Expresan, a través de un lenguaje universal, la fusión del ser en el sonido y la unión de cada voz en la armonía musical.

 

¿Para qué cantar?.

Habrá quien pregunte: ¿Para qué cantar?. Y sin embargo, ¡qué fuente de provecho es el canto para la salud!. El canto proporciona una respiración amplia y profunda, favorece el desarrollo de los músculos del tórax, el control de la respiración, etc... Inclusive la belleza física resulta favorecida, gracias a la actitud exigida por el canto.

Moralmente, como todas las artes, el canto educa, afina, libera, da fuerza y coraje para sobrellevar las dificultades de la vida. Es, en medio de las preocupaciones cotidianas, una ventana abierta hacia lo Ideal.

En una palabra, el canto origina una plenitud física y moral que da a la vida todo su valor espiritual.

La música como todo arte tiene una relación estrecha con el mundo que la rodea.

La música es la menos racional de todas las artes y actúa más sobre nuestro sentimiento o fantasía que sobre nuestra inteligencia, pero ello no quiere decir que no sea un medio óptimo para la expresión del hombre, ya que ha sido la más valorada por todas las culturas desde los pueblos más primitivos.

Hay mitologías en las que la creación del mundo se realiza a partir del sonido, y otros piensan que es el medio de comunicarse con los dioses.

 

¿Por qué nos alejamos de la Música ?.

Si deseas que tu experiencia perceptiva tenga significado y si deseas abrir tu mente y tu corazón a todo lo que la música puede brindarte: belleza, emoción, diversión, tranquilidad, compañía... líbrate de ese “complejo de inferioridad musical.

Muchas personas se mantienen alejadas de la música seria (llámala clásica o como prefieras), debido a una arraigada creencia de que dicha música es complicada e intrincada, o que de que está saturada de significados ocultos demasiado complicados para la capacidad del neófito. Este complejo es una afección muy común. Sin duda, has tratado de escuchar respetuosamente algunas de las mejores obras de la música, pensando que necesitabas de algún conocimiento técnico para comprenderlas. Yo no sé nada de música. ¡Cuántas veces has oído esta frase!. Por este camino, uno se limita a admirar una de tales “obras maestras, pero no hace amistad con ellas.

Supongamos ahora que estás escuchando por primera vez un concierto para piano de Mozart, sin saber que es un concierto ni que es de Mozart, ni que supuestamente es una pieza de profundo significado. Asume de antemano que estás bajo la impresión de que vas a oir una pieza escrita por un hombre que simplemente quiere darte placer y entretenerte. Eres libre de disfrutarla o no, y nadie pensará menos de ti por rechazarla. ¿No es verdad que escucharás tal pieza con disposición diferente?. Puede que no te sientas capacitado para juzgar si se trata de música buena o mala, pero la escucharás con ánimo relajado y tranquilo.

No pasa nada si no sabes música.

Nunca te preocupe la falta de conocimiento técnico sobre la música. ¿No sabes nada de la estructura de una sinfonía?.¿No sabes qué es una fuga?.¿Tienes dificultades en diferenciar un oboe de un clarinete?. No tiene mayor importancia, puesto que es mucho más importante sentir la música que entenderla. ¿Que no tienes oído?. No es razón para negarse al placer de la música. Nunca he conocido gente que careciera de veras de oído. Si oyes, puedes escuchar música.

La Música es sentimiento.

Arnold Bennet dijo: que hace de la música la más grande de todas las artes es que puede expresar emociones sin ideas. La literatura llega al alma a través del cerebro. La música llega directamente.

Descubrirás que la música llenará de placer tus horas libres, poblará tu soledad y alegrará tu corazón.

 

Escuchar, siempre escuchar que no es lo mismo que oir.

Hay una sola forma de disfrutar de la música. Una sola: ESCUCHARLA. Es innegable que para disfrutar de la música, para hacerse su amigo, para obtener de ella lo mejor, hay que comenzar por la música misma y sumergirse en ella. No existe ningún sustituto. No hay introducciones, tratados eruditos, guías de apreciación musical ni trucos mágicos que valgan.

 

La Música es ensoñación

Vamos a suponer que te sientas a escuchar una pieza musical. Al principio, tu atención está muy despierta, oyendo algo que te conmueve y deleita. Muy pronto, sin embargo, ya no te concentras: estás pensando en la luna de Valencia. Es perfectamente natural que escuchemos parte de la música y que nuestra mente divague.(Tal vez sea por eso que la música resulte tan efectiva para relajarnos). Esta ausencia hace que la gente sienta que no ha comprendido la música.

George Santayana escribió: Lo que más le gusta a la gente no se puede llamar música. Es más bien una ensoñación aliviada por emociones nerviosas. Sin embargo, hay otros que piensan que tanto la ensoñación como las emociones, sean o no nerviosas, son formas legítimas de escuchar.

Es mejor amar y perder parte de la música que no haber amado jamás.

 

La Música es fascinación.

El tránsito de la ensoñación a la fascinación ocurre cuando se escucha varias veces una pieza musical. Es cierto que la música que realmente puede disfrutarse es aquella que se ha vuelto una vieja amiga. La historia que narra se hace más clara, más interesante y más lúcida cuanto más se repite. Cuanto más la escuches, mejor la escucharás. Toda buena música se presta a ser escuchada repetidamente. La música no recurre a la sorpresa. Te deleitarás con ella mucho más cuando la hayas escuchado por centésima vez. El mejor oyente es el que escucha de nuevo.

 

No es complicado oir música clásica.

Cuando escuches una partitura clásica, aún desconociéndola, encontrarás partes muy bonitas, otras emocionantes, alguna que otra te dejará sin aliento y, ocasionalmente, algún fragmento te parecerá aburrido. Contemplarás la música despojada de su fama, si miedo. No habrá a tu alrededor expertos, ni críticos, ni analistas musicales, ni conocedores que sepan la partitura de memoria. Simplemente, estaremos todos reunidos, dispuestos a que el compositor nos entretenga.

La música famosa fue primero música desconocida. Fue compuesta para entretener a la gente que, en su mayoría, no sabía casi nada de música. No fue compuesta para los conocedores o profesionales.

Escuchemos la música como si no hubiera nada que entender con el intelecto y sí, todo para comprender con el corazón.

¡Líbrate del complejo de inferioridad musical!

 

La voz.

Pero, ¿qué es una VOZ ?. ¿Qué es lo que hace que este órgano que nos sirve esencialmente para hablar puede hacer surgir sonidos musicales armoniosos causantes de emoción?... En el origen de toda voz está el oído. El oído del feto, después el del bebé que absorbe, detalla, analiza, filtra, decide lo que va a reproducir y lo que no. Porque nosotros no podemos crear vocalmente más que si hemos escuchado enormemente, con toda nuestra sensibilidad y escogido lo que vaya a salir de nosotros. Es así que poco a poco y a espaldas nuestras, se construirá lo que podemos llamar ideal vocal.

La idea vocal representa el conjunto de sonidos vocales que hemos oído en toda nuestra vida y que hemos amado, que hemos elegido como belleza de referencia. Entre ellos, nosotros escogemos el timbre de nuestra voz hablada como escaparate de nuestra personalidad, pero el de nuestra voz cantada se nos escapa; nos contentamos con soñar escuchando la voz de los demás, a menudo sin que nos conforte el espíritu el pensamiento de que cantar nosotros mismos, entra en el campo de lo posible.

 

Poned vida a vuestros años.

Vivid intensamente... amad... sufrid... y dejad que cante vuestra alma.

Una vez llegados al coro escogido, hay que cantar...Y esto no es siempre un placer... La voz que nos conocemos al natural, sin haber intentado nunca ejercitarla, desarrollarla, es raras veces nuestra verdadera voz. Si no nos gusta en una grabación, es porque nos traiciona: no se corresponde con nuestra idea vocal y nosotros renegamos de ella, decepcionados. Sin embargo, estamos convencidos de que no tenemos otra y ya que nos hace falta cantar, nos resignamos a producir sonidos que no nos parecen nuestros y que no son ni gratificantes ni valorados. Estamos tan poco orgullosos de ellos que no nos atrevemos a enviarlos al espacio. Desarrollamos así una timidez vocal que nos fustra y nos impide acceder al placer de la vibración sonora.

El acceso a nuestro ideal vocal centra toda nuestra atención en la ejecución solfeada de las partituras. La energía necesaria para la expansión de la voz se reduce a la parte indispensable. Nuestra voz ya no tiene existencia propia e individual, y sólo se expresa en el seno del coro que le da una apariencia de vida escondida entre el número de cantores. No es el conjunto el que aporta una calidad al individuo, es la suma de las calidades y de los colores que constituyen cada voz la que debe alimentar al conjunto.

Si queremos salir de este círculo, debemos entender cuanto antes que somos juguetes de una ilusión magistral, mantenida por el arte del canto en sí mismo. En efecto, la facilidad, la soltura con la que las gentes que han trabajado su voz cantan, es sólo el producto de su trabajo, en ningún caso el resultado de un don recibido. El don hay que buscarlo. Esta ilusión de la facilidad, de la voz que fluye sola, está el origen de muchos errores, extravíos e incluso, sufrimientos vocales. El error más extendido consiste en creer que cantar se practica en el mayor relajamiento, palabra sinónima en el lenguaje general de ausencia de acción. Si pensamos así estamos dando la espalda a la realidad de nuestra voz.

¿Qué sucede en un cuerpo que canta?. Tomemos el ejemplo del solista de ópera que se puede considerar que es el que tiene una acción más completa. Nos quedamos sorprendidos por la potencia, la emoción, la facilidad de esa potencia. Nuestros ojos están atrapados por la expresión del rostro, de la mirada, de la boca. Todo está allí. Nos olvidamos de todo lo demás: ¡vemos al personaje, pero no al que lo hace vivir, no vemos la energía utilizada para hacerlo vivir sino la que el cantor quiere enseñarnos, es decir, la del personaje¡. Por lo tanto, lo que nosotros vemos es radicalmente distinto de lo que existe realmente. Entre lo que debe ser mostrado por el cantor, reclamado por su mismo arte, a saber, una aparente ausencia de esfuerzo y de dificultad y lo que él debe realizar para hacer su voz, está lo que no se ve, pero que existe, alcanzando a veces alturas vertiginosas: la ENERGIA.

 

Conoce tus posibilidades.

Todas las energías necesarias para la voz, nuestro cuerpo ya las conoce, pero de manera fragmentada y aplicadas a otros campos distintos al del canto. Cultivar la voz consiste en aprender a reunir todas las piezas del puzzle de las energías de una manera coherente y eficiente.

¡Echa a volar la ilusión...¡. Todas las esperanzas están permitidas... Empezamos a entrever lo que debemos hacer por nuestra voz: comprenderla, alimentarla con energía, entrenarla, amarla... Entonces, y solamente entonces la estaremos dotando de toda su riqueza resonante y la haremos sonar en plenitud.

 

No te queda más remedio que cantar.

Una vez llegados al coro escogido, hay que cantar...Y esto no es siempre un placer... La voz que nos conocemos al natural, sin haber intentado nunca ejercitarla, desarrollarla, es raras veces nuestra verdadera voz. Si no nos gusta en una grabación, es porque nos traiciona: no se corresponde con nuestra idea vocal y nosotros renegamos de ella, decepcionados. Sin embargo, estamos convencidos de que no tenemos otra y ya que nos hace falta cantar, nos resignamos a producir sonidos que no nos parecen nuestros y que no son ni gratificantes ni valorados. Estamos tan poco orgullosos de ellos que no nos atrevemos a enviarlos al espacio. Desarrollamos así una timidez vocal que nos fustra y nos impide acceder al placer de la vibración sonora.

El acceso a nuestro ideal vocal centra toda nuestra atención en la ejecución solfeada de las partituras. La energía necesaria para la expansión de la voz se reduce a la parte indispensable. Nuestra voz ya no tiene existencia propia e individual, y sólo se expresa en el seno del coro que le da una apariencia de vida escondida entre el número de cantores. No es el conjunto el que aporta una calidad al individuo, es la suma de las calidades y de los colores que constituyen cada voz la que debe alimentar al conjunto.

Si queremos salir de este círculo, debemos entender cuanto antes que somos juguetes de una ilusión magistral, mantenida por el arte del canto en sí mismo. En efecto, la facilidad, la soltura con la que las gentes que han trabajado su voz cantan, es sólo el producto de su trabajo, en ningún caso el resultado de un don recibido. El don hay que buscarlo. Esta ilusión de la facilidad, de la voz que fluye sola, está el origen de muchos errores, extravíos e incluso, sufrimientos vocales. El error más extendido consiste en creer que cantar se practica en el mayor relajamiento, palabra sinónima en el lenguaje general de ausencia de acción. Si pensamos así estamos dando la espalda a la realidad de nuestra voz.

¿Qué sucede en un cuerpo que canta?. Tomemos el ejemplo del solista de ópera que se puede considerar que es el que tiene una acción más completa. Nos quedamos sorprendidos por la potencia, la emoción, la facilidad de esa potencia. Nuestros ojos están atrapados por la expresión del rostro, de la mirada, de la boca. Todo está allí. Nos olvidamos de todo lo demás: ¡vemos al personaje, pero no al que lo hace vivir, no vemos la energía utilizada para hacerlo vivir sino la que el cantor quiere enseñarnos, es decir, la del personaje¡. Por lo tanto, lo que nosotros vemos es radicalmente distinto de lo que existe realmente. Entre lo que debe ser mostrado por el cantor, reclamado por su mismo arte, a saber, una aparente ausencia de esfuerzo y de dificultad y lo que él debe realizar para hacer su voz, está lo que no se ve, pero que existe, alcanzando a veces alturas vertiginosas: la ENERGIA.

¿Dónde te colocamos?.

Clasificar una voz es ubicarla en una categoría determinada. Es evidente la capital importancia que tiene para el porvenir del cantante la clasificación de su voz, dado la fatiga que representaría para él tener que abordar obras que no le conviniesen.

La voz no debe ser clasificada por su extensión sino por su tesitura y su timbre. La tesitura es el conjunto de notas con las cuales se canta, se borda el canto.

El timbre es el color, la personalidad de la voz.

 

¿En un 99% hay que escuchar?.

Cantar significa en un 99% escuchar . Hay que aprender a escuchar. Si uno escucha con la totalidad de sí mismo, el cuerpo se llena de música y cuando abre su boca la música sale espontáneamente.

La verdadera escucha requiere un cierto grado de atención y tranquilidad mental. Todos los que han descubierto el canto gregoriano encuentran también, un efecto claro: predispone a la escucha y aquieta la mente.

Muchas veces no oímos nuestra propia voz, porque de su sonido se desprenden cosas que no estamos preparados para oír. Y si nosotros no estamos dispuestos a oír nuestra propia voz, ¿por qué nadie iba a preocuparse de hacerlo?.

Para evitar que la mente vuele en la escucha es bueno sentarse en postura confortable y erguida, y procurar ser conscientes de todos los sonidos audibles tal y como se presentan. El esfuerzo de prestar atención y permanecer en silencio abrirá un espacio en la mente.

Al hablar o cantar nos sentimos muy vulnerables. Somos conscientes de que la voz revela mucho acerca de nosotros y, temiendo que nos delate al expresar más de lo que queremos que otras personas sepan de nosotros -, la retenemos y hacemos que el sonido llegue a tan sólo unos pocos metros de distancia. Los lectores y Salmistas, incluso cantantes profesionales, sienten una gran ansiedad antes de comenzar la actuación. La boca se seca y las rodillas tiemblan.

Tan grande es la identificación con nuestra propia voz que nos volvemos muy sensibles a cualquier crítica sobre ella, especialmente cuando se es joven.

 

Pon atención a la melodía.

A pesar de que la música se compone de ritmo, armonía, coloratura, etc., el elemento al que la mayoría de las personas responden de forma casi inmediata es la melodía. Casi todas las piezas musicales poseen una melodía, aunque no toda pieza musical tenga una melodía que se pueda tararear o silbar. La buena música contiene muchas buenas melodías, por lo que te sugiero que escojas la melodía principal y la sigas, sin importarte las aventuras que ésta pueda encontrar. Concéntrate en los momento más culminantes en que se entona la gran melodía; quizá entre estos momentos yacen pensamientos introspectivos menos obvios... desatiende estos intervalos y presta especial atención a su calidad melódica.

¡Ah!, un consejo: La experiencia demuestra que la música romántica resulta particularmente del agrado de personas para quienes la música es algo nuevo.

 

No digas que no tienes oído.

Los cantantes de un coro deben tener buen oído musical, buena voz hablada y mucho, mucho amor a la música. El coro tiene una personalidad especial. Los cantores deben cantar cada día mejor, pero ser también amigos, conocerse, ayudarse para conseguir esa unión y empaste que sólo se consigue con mucho interés y calidad humana.

Consejos:

Al enfrentaros con una obra, estúdiese primero su texto, luego la línea melódica. Fundidlos entonces, esforzándoos por obtener del conjunto el máximo de expresión.

La interpretación de una canción no puede prescindir de una buena dicción.

El cantante debe poseer un gran fondo de poesía, de ensueño, de espiritualidad, ya que un cantante sin alma, aunque tenga una voz de oro y una técnica impecable, le faltará ese “algo” que conmueve y provoca el entusiasmo, esa sutil mezcla de ideal, de cultura y de encanto que debe ser ley para todo artista.

Interpretar es comunicar. Es la meta y la culminación de todo trabajo vocal.

Una buena cultura general y la elevación de sentimientos, proporcionan al intérprete aquello que puede hacer de un canto sin interés un cuadro sonoro de colores atrayentes.

 

¡Vaya máxima!.

Estad relajados al cantar. La caja del violonchelo no se contrae cuando se toca dicho instrumento. El cuerpo debe actuar con soltura y libertad en el canto.

Cuando cantáis fuerte, se os oye. Cuando cantáis piano se os escucha.

 

Casi toda la música es buena.

Con toda la hojarasca escrita sobre la música podría llenarse una biblioteca. Evita a los que piensan que todo lo escrito por un compositor famoso es sacrosanto, y a aquellos que creen que la música es un rito religioso o solemne, y defiende que la música ligera puede ser muy buena. Escucha la música con una actitud libre y relajada. Entrégate a ella emocionalmente.

 

Respetad siempre al compalñero/a.

En un colectivo, un principio inmutable es aprender a respetar el punto de vista del otro y escucharlo. Hay que dejar bien claro al uno lo que es respetar al otro, porque existen personas que no tienen la menor conciencia de su irrespetuosidad hacia los demás; pueden llegar a creer que les están ayudando amistosamente cuando intentan imponerle unos criterios. Por otra parte, también hay que aclarar qué cosa es escuchar, Escuchar no se trata de callar mientras el otro habla, en espera de lo que te toque decir, sino poner atención a lo que el otro dice, ponderarlo, y dictar luego su posible contradicción.

Un enriquecimiento de criterios, a través de la diversidad de opiniones, es un constante ejercicio de buena voluntad, de bien querer. Muchas veces se repugnan soluciones ajenas en público, que luego se propugnan en la intimidad, También se puede estar contemplando un problema con visión oblicua y basta una sugerencia en otro sentido para alcanzar la visión cenital, la postura más acertada. Esto se puede conseguir al verter en común todas las opiniones y extraer concretamente las más valiosas.

Hacer más fácil la convivencia. Las asperezas sólo pueden vencerse por frotación suave. La Coral es una escuela de convivencia, porque en ella concurren dos factores: la irremediable heterogeneidad entre las personas, con todas sus escuelas y aristas, y la voluntariedad de agrupación para, partiendo de aquello en que se está de acuerdo, dar lugar a una manifestación de busca armónica entre los criterios disidentes.

Ejercitación en la expresión verbal de las ideas, con exactitud, con soltura y sin timidez. Muchas personas que tienen ideas de gran riqueza y profundidad y de las que podían beneficiarse los demás encuentran el grave inconveniente de no poderles dar la forma más inteligible.

No te creas nunca importante.

En un colectivo, un principio inmutable es aprender a respetar el punto de vista del otro y escucharlo. Hay que dejar bien claro al uno lo que es respetar al otro, porque existen personas que no tienen la menor conciencia de su irrespetuosidad hacia los demás; pueden llegar a creer que les están ayudando amistosamente cuando intentan imponerle sus criterios. Por otra parte, también ha y que aclarar qué cosa es escuchar. Escuchar no se trata de callar mientras el otro habla, en espera de lo que toque decir, sino poner atención a lo que el otro dice, ponderarlo y dictar luego su posible contradicción.

 

El empaste de un coro

En cualquier formación coral es primordial producir un buen sonido. Un buen sonido es absolutamente esencial si los cantantes tienden a experimentar un hecho estético. Cada cantante dentro de una cuerda produce un sonido único. El empaste se produce cuando al unísono consiguen un sonido que se percibe como uno solo. Como la pronunciación es el primer portador del sonido, el empaste resulta de la unanimidad en la pronunciación. Dicho empaste no es una cualidad que el compositor pueda escribir en la partitura.

Conseguir un buen empaste es tarea de oídos entrenados. Se ha dicho que el buen coro es el que canta con sus oídos. El oído debe entrenarse y sensibilizarse a escuchar el empaste de los sonidos. Cada cantante tiene que ser consciente que cuando actúa no es el ombligo del mundo, sino una aportación a un todo que es el coro.

La timidez, así como el grado de fuerza vocal, puede hacer difícil el empaste. Lo ideal sería que todos fueran capaces de producir exactamente el mismo nivel dinámico. Los cantantes deben escuchar-no oir-todo el coro, así como su propia cuerda.. Ninguna voz debe cantar nunca con su máximo volumen. La fuerza de todo el coro se amoldará a la de la cuerda más débil.

 

Oid e imitad.

Un ruiseñor solitario que no oye jamás a otros ruiseñores, va perdiendo poco a poco su virtuosismo. Los adiestradores de pájaros ponen siempre en su pajarería a uno que sea muy buen cantor. Al imitarlo, los otros pájaros irán mejorando su canto.

Toda vez que os sea posible, id a escuchar a los grandes cantantes.

Cultivad la calma y la serenidad.

Huid de la agitación, sobre todo antes de cantar.

Entregaos por completo a vuestro arte, como a una gran pasión.

Al cantar no escuchéis más vuestra voz, escuchad vuestro corazón.

Un artista tiene derecho a soñar.

Lo que engrandece al artista no es sólo el grado de perfección por él alcanzado, sino el constante deseo de llegar a ella y el esfuerzo cotidiano por mejorarse.

 

Pronuncia bien el texto de una partitura.

Una obra vocal contiene, casi siempre, un texto que juega un doble papel. En primer lugar, porque siempre que hay una combinación de sonidos, el texto constituye en sí mismo un elemento musical del mismo rango que las notas, las armonías y los matices. Por otra parte, porque el texto tiene sentido en una lengua específica, añade una nueva dimensión expresiva a ese lenguaje universal que se llama música. Esta dos funciones entran en conflicto si el texto está en una lengua desconocida para los cantores o los oyentes. Las palabras extrañas inquietan, las palabras familiares confirman, pero una traducción por conseguida que sea, raramente no tiene consecuencias semánticas o musicales.

 

Haz un esfuerzo.

Las palabras deben ajustarse a la música, pero el traductor se ve muchas veces obligado a traicionar el sentido que le dio el autor para obedecer obligaciones formales. Y como cada lengua tiene sus colores, sus timbres, sus acentos característicos, inevitablemente la traducción altera cualidades sonoras de la obra. ¿Se pueden sacrificar aquéllas para una mejor comprensión del texto?.

Algunos intérpretes son puristas, ya que les horripila la sola idea de que el texto escogido por el compositor pueda ser cambiado. Otros, que no tiene ganas de complicarse la vida, cantan todo en su lengua materna.

 

Hablando se entiende la gente.

La dicción es la manera más o menos estética de articular, es decir, de pronunciar palabras. La dicción está a medio camino entre la articulación que la sirve y la interpretación, a quien sirve.

La dicción puede transmitir inteligencia al canto. Equilibra las sílabas de las palabras, acentuando las que tienen importancia. Una buena dicción agrega mucho encanto a las palabras y constituye uno de los principales elementos de una buena interpretación.

 

Sigue intentándolo.

Algunos aficionados al canto coral se pueden preguntar: Si puede haber palabras maternas impresas en la partitura, ¿por qué hacerse polvo intentando pronunciar palabras incomprensibles?. A esto se respondería con otra pregunta:¿por qué molestarse en descifrar todas las notas de una partitura cuando sería mucho más sencillo estar tranquilamente sentado delante del televisor?. Cantar en coro es hacer deliberadamente un esfuerzo con el objetivo de alcanzar alguna cosa fuera de lo ordinario: expresarse en verso antes que en prosa, adjuntar la música a las palabras, sincronizar su voz con otras veinte o cien. ¿Se puede también hacer un esfuerzo para cambiar de lengua, no os parece?. Igual que uno se familiariza con la melodía o con las armonías que nacen como por magia de la conjunción de las cuerdas, el hecho de expresarse

 

El que sabe respirar sabe cantar.

Para cantar no es necesario aspirar mucho aire, sino saberlo economizar.

El exceso de aire oprime y molesta al cantante.

Todo aire debe transformarse en sonido.

Cuídese siempre que vuestra espiración acabe con el sonido.

Es por lo menos inútil vaciarse después de una frase cantada.

Tenéis que llegar a conseguir que no se os oiga ni se os vea respirar.

Que la respiración sea como un resorte, elástico, pero firme.

 

Venga, ¡ánimo!, ya vas consiguiéndolo.

Algunos aficionados al canto coral se pueden preguntar: Si puede haber palabras maternas impresas en la partitura, ¿por qué hacerse polvo intentando pronunciar palabras incomprensibles?. A esto se respondería con otra pregunta:¿por qué molestarse en descifrar todas las notas de una partitura cuando sería mucho más sencillo estar tranquilamente sentado delante del televisor?. Cantar en coro es hacer deliberadamente un esfuerzo con el objetivo de alcanzar alguna cosa fuera de lo ordinario: expresarse en verso antes que en prosa, adjuntar la música a las palabras, sincronizar su voz con otras veinte o cien. ¿Se puede también hacer un esfuerzo para cambiar de lengua, no os parece?. Igual que uno se familiariza con la melodía o con las armonías que nacen como por magia de la conjunción de las cuerdas, el hecho de expresarse en una lengua que no se habla todos los días procura un inexplicable placer.

 

Te lo dan todo hecho.

Toda lengua extranjera representa un desafío, y hay que tomar algunas precauciones antes de empezar. En primer lugar, la pronunciación correcta no puede conseguirse más que por imitación. Recurrir a una persona que conozca bien la lengua y que pueda servir de modelo a los cantores y también escucharles a fin de corregir sus defectos. ¡No olvidemos nunca que el fin del ejercicio es el reproducir fielmente las sonoridades originales de la pieza¡. Además, una interpretación inteligente requiere una buena comprensión del texto, que sólo puede conseguirse con una traducción literal.

 

Enseñar es comunicar tus conocimientos.

La enseñanza del canto no es, ni debe ser, un oficio, sino una vocación, un apostolado. Si no se siente un incontestable amor por la enseñanza, con toda la abnegación, el sacrificio y la paciencia que implica esta palabra, es mejor elegir otra profesión. Realmente, en cada lección, se entrega un poco de sí mismo.

Un buen maestro de canto debe poseer, además de un perfecto conocimiento de todo lo que concierne a su arte, un oído muy sensible, un sentido crítico extremadamente desarrollado, el gusto por la belleza del sonido y una fina psicología.

El interés de un profesor de canto está en que todos sus cantores lo hagan correctamente y con gusto, sea cual fuere su voz.

 

¡Ah!, si el mundo conociera el poder de la armonía... (Mozart).

Tenemos necesidad de armonía, de calma, de unidad en nosotros mismos y alrededor de nosotros, es por esto que cuando oímos a un coro o a un solista cantar, la música hecha para la voz sola o en grupo nos produce un intenso sentimiento de plenitud. Poco a poco la idea de que nos hace falta cantar se insinúa en todo nuestro ser y nos ponemos a amar y desear lo que instintivamente creemos que nos puede restablecer. Esas voces que nos encantan nos parece que crean la unidad en la música y, sobre todo, en ellas mismas. Expresan, a través de un lenguaje universal, la fusión del ser en el sonido y la unión de cada voz en la armonía musical.

 

 

La gente me causa un respeto imponente.

Y el público,¿qué piensa cuando escucha canciones en un idioma que ignora?. En general, al público le gusta entender las palabras que oye. Por supuesto que puede escuchar la música haciendo abstracción de las palabras, pero en este caso tendrá y, con razón, la molesta impresión de que le falta algo. ¿Esto quiere decir que habría que cantar siempre en castellano, por ejemplo, para que estuvieran contentos?. No necesariamente, porque muchos oyentes sagaces aprecian la riqueza sonora que ofrecen las lenguas en su diversidad y estarían decepcionados si se les privara de la misma. Pero es siempre deseable dar a la audiencia una buena idea del texto, incluyendo en el programa una traducción o por lo menos, un resumen.

 

No hay más remedio que ensayar.

El objetivo del ensayo es el de ofrecer al deseo musical del coralista los medios para llegar al éxito musical. Los ensayos van a permitir construir y, sobre todo, memorizar acciones mentales particulares perfectamente sincronizadas que permitan la realización casi instintiva, inmediata, de los sonidos queridos, deseados por el cantor. Deben ser hechos sabiendo perfectamente lo que se quiere obtener de ellos, vigilando especialmente que la energía puesta en juego sea adecuada al resultado esperado. Es importante igualmente saber de forma exacta qué sentimientos es posible expresar, ya que memorizando se afianza la presencia de emociones verdaderas e intensas. Incluso el más banal de los arpegios puede expresar un sentimiento preciso, inspirado por su estilo y por su ritmo.

 

El ensayo es la fragua del concierto.

El objetivo del ensayo es el de ofrecer al deseo musical del coralista los medios para llegar al éxito musical. Los ensayos van a permitir construir y, sobre todo, memorizar acciones mentales particulares perfectamente sincronizadas que permitan la realización casi instintiva, inmediata, de los sonidos queridos, deseados por el cantor. Deben ser hechos sabiendo perfectamente lo que se quiere obtener de ellos, vigilando especialmente que la energía puesta en juego sea adecuada al resultado esperado. Es importante igualmente saber de forma exacta qué sentimientos es posible expresar, ya que memorizando se afianza la presencia de emociones verdaderas e intensas. Incluso el más banal de los arpegios puede expresar un sentimiento preciso, inspirado por su estilo y por su ritmo.

 

Tu trabajo es fundamental.

Los directores de coro, los cantores , deben tener el mayor interés en no esperar a textos musicales suficientemente inspirados para hablar de la emoción de la música únicamente con ocasión de su ejecución. Nuestro espíritu para que siga siendo creativo, debe mantenerse perpetuamente vigilante: tiene necesidad de ser sorprendido y enfrentado a pequeñas dificultades siempre renovadas, resueltas con orgullo y vivacidad. Nuestra voz debe poder, dirigida por la energía y la respiración, seguir toda clase de diseños melódicos diferentes, propuestos ensayo tras ensayo por el director del coro. Cada ejercicio será efectuado con una exigencia particular a fin de que nuestro esfuerzo llegue a ser eso a lo que nunca debemos renunciar: una fuente de placer, asociando el placer de generar la vibración sonora en la alegría y la emoción con el placer de reunir cuerpo y alma en una acción armoniosa tanto física como mental.

 

¡Qué presumidos son los Directores!.

No olvidemos que una de las virtudes que adorna siempre al Director que posee una buena técnica es la elegancia.

Pero, ¡cuidado¡, la técnica no lo es todo . Para ser un buen Director es imprescindible ser un buen músico, pero esto no es suficiente, hay que tener además una técnica perfecta. Es sabido que geniales compositores han fracasado cuando se han puesto delante del coro, orquesta, etc., llegando incluso a perderse interpretando su propia música.

La técnica debe estar siempre al servicio de la Música ; esto es lo que diferencia al auténtico Director del simple batutero.

¿Creéis, realmente, que la superabundancia de gestos, muchos inútiles, tienen un efecto positivo en la interpretación de los dirigidos?.

No olvidemos nunca que un auténtico Director da siempre una sensación de armonía y equilibrio que, sin duda, se traduce en aplomo y seguridad a los que dirige.

Técnica es sinónimo de Claridad.

 

Cuanto mejor sea el Director, mejor será el Coro.

Llamamos técnica de dirección al conjunto de gestos y actitudes que utiliza el Director para transmitir su voluntad, con claridad y precisión, a cualquier tipo de agrupación musical. La realización técnica corresponde casi exclusivamente a los brazos del Director.

La técnica , por definición, es contraria a todo tipo de gestos teatrales e inútiles, tan gratos al auditorio generalmente ignorante y a los críticos ineptos, corruptos o sordos, que con demasiada frecuencia califican de dirección expresiva las payasadas de muchos mal llamados directores.

Estos directores (¿) atentan contra la claridad y, por tanto, contra la técnica de dirección, siendo indignos de ocupar el podio los que marcan tiempos que no existen; los que no dibujan el compás; los que golpean por debajo del atril; los que se agachan para indicar piano y se esconden para indicar pianíssimo ; los que dan taconazos porque se les para o escapa el tiempo; los que dan saltos; los que practican esgrima con la batuta; los que marcan siempre hacia arriba y abajo como si toda la Música compuesta a lo largo de la Historia estuviese escrita en compás de dos por cuatro; los que hacen “solos de batuta; los que marcan suelto cuando es legato , etc...

 

La acústica de la sala

Cada coro debe ensayar una vez, y preferiblemente dos veces, en el lugar donde tendrá lugar el concierto.

A .-Si se canta en salas donde hay poca reverberación:

1.- Los tempos pueden tener que ser más rápidos.

2.- Las líneas musicales deben ser más sostenidas.

3.- El sonido necesitará ser más brillante para asegurar su proyección.

4.- Los cantantes deben escuchar más críticamente.

B .-En los espacios donde la reverberación es considerable:

1.-Los tempos habitualmente tienen que ser más lentos.

2.- En algunos pasajes rápidos cada sonido necesita mejor articulación.

3.- Las líneas deben destacarse más para que la dicción no se pierda.

 

El orden del programa de un concierto .

Un buen concierto coral debe tener unidad y variedad.

La unidad puede conseguirse construyendo el concierto a partir de un tema, disponiendo la música históricamente, interpretando sólo música sacra o profana, o interpretando la música de un solo compositor o un texto musicado por varios compositores.

La variedad puede conseguirse interpretando música de estilos diversos de distintos compositores o formas.

Ideas básicas:

Conseguir variedad de tonalidades y modos.

No se debe programar dos obras seguidas de carácter triste.

Procurar que cada obra tenga un clímax.

No todas las obras deben ser fuertes e impactantes.

Algunas obras muy suaves e intensas tienen un potencial mucho más positivo.

Hay que tener en cuenta al público.

Una variedad de estilos no sólo instruirá al público sino que mantendrá su atención. Mucha gente no se sentará más de una hora a escuchar un coro cantar madrigales ingleses de los siglos XVI y XVII.

Se debe programar para que haya momentos de relajación para los cantantes. La mayoría de ellos no pueden mantener una dinámica alta, una intensidad alta y entonación alta obra tras obra. El contraste es esencial para dar oportunidad a los cantores de recuperarse antes del siguiente reto vocal.

No todas las obras requieren la misma cantidad de esfuerzo para ser cantadas. Es preferible programar varias piezas fáciles al comienzo del concierto y no cansar al coro en su principio.

Lo más importante es que el público que abandone la sala salga con un sentimiento muy positivo tanto de la música como de su interpretación.

¡Por qué hay que llegar antes del Concierto?.

El ensayo general antes del concierto debe incluir una ejecución completa del programa sin paradas. Esto es más fácil decirlo que hacerlo. Los cantantes deben ensayarse para colocarse en el escenario. Subir al mismo, permanecer en pie, alzar las partituras a la posición de cantar, sostener las mismas sin molestar al que está delante, volver las páginas y... salir después.

La terminación de un concierto

Al público le gusta un buen final. Se ha dicho, aunque algo en broma, que el principio y el final son los momentos más importantes y lo que pasa en el centro es experiencia. Si la interpretación comienza bien, probablemente terminará bien. Si la obra, el concierto, termina bien, el público puede perdonar los fallos o errores cometidos durante la ejecución.

La conclusión de una obra es algo más que el final. Después de que el Director ha marcado la cadencia final y el coro no produce ya sonido alguno, la música aún está en el aire. Aún está reverberando en las paredes y está siendo absorbida por el público.

La conclusión no debe ser repentina. La cadencia final permite que el concierto realice su última y más poderosa declaración. El agradecimiento de los aplausos tiene que estar de acuerdo con el carácter de la música. Las obras serias requieren agradecimientos serios; las obras alegres demandan una sonrisa y una cara complacida. Después del cierre final los cantores no volverán las páginas, ni cerrarán la carpeta, ni se volverán hacia sus compañeros. El hecho de que hayan cerrado la boca no cierra su interpretación. El coro que rompe su disciplina pierde ese momento evanescente en que una obra nos habla finalmente.

 

¿Cómo finalizar el sonido?.

Sobre todo, sobre todo no os encontréis faltos de aliento al terminar una frase melódica: no hay nada más desagradable de escuchar, nada más anti-artístico.

Es preferible efectuar una respiración suplementaria, aún cuando ésta no sea oportuna. En este caso, prestadle autoridad, intención, como si la hiciérais para dar más valor a las últimas palabras.

La espiración debe detenerse con el canto. Habiendo seguido la voz en su crescendo o decrescendo final, terminarán ambas a un tiempo. Deséchese el escape de aire, tanto para los finales de frase como para el ataque o emisión del sonido.

La voz debe ser nítida, no empañada por el exceso de aliento.

 

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Web de la Coral Municipal "Villa de Alagón"
 
creada por JMF | e-mail |  Actualizada: 060109